jueves, 16 de septiembre de 2010

¡Arriba ese bajo!

En su anterior post, el Zorromono utilizó su infalible criterio para analizar las decadentes carreras de dos instrumentistas que un día fueron grandes, pero que en la actualidad no sirven ni para hacer mojama. Como todos ustedes son gente sagaz a la que no se le escapa una, habrán caído en que los dos músicos a los que se refirió el FoxMonkey eran guitarristas. Guitarristas. Guitarristas tooooodo el tiempo. Si por los guitarristas fuera, todo el mundo sería guitarrista y la vida sería una competición de ver quien logra digitar más notas por segundo.

Pero gracias al cielo o al averno, existen otras razas en esto del rock, y como el Zorromono se pone siempre del lado del más debil, pues va a loar la figura del animalillo más maltratado de la historia de la música popular: EL BAJISTA.

Sí, han oído bien. Existe un instrumento, que guarda cierta semejanza estructural con la guitarra, que tiene sólo cuatro cuerdas, que se llama bajo, y cuyo cometido es proporcionar a la amalgama sonora de una banda una base grave y potente, para que los guitarristas se puedan explayar con sus inacabables solos, los cantantes hagan mil pijadas por segundo y los baterías den leña como mandriles. Los que deciden amargarse la vida pulsando esas cuatro cuerdas han sufrido el agravio de hacerlos sentir innecesarios, ya que numerosas bandas, desde Jon Spencer Blues Explosion hasta White Stripes, pasando por Triana y The Doors - aunque estos últimos solían recurrir a bajistas en el estudio y en vivo cuando lo consideraban necesario- han logrado el éxito prescindiendo de sus graves servicios.  Incluso una figura tan respetable como John Lydon se los toma a chirigota, y afirma que el bajo es el instrumento "que nadie escucha" en el rock, aunque hay que contextualizar que el bueno de Rotten soltó esta estupidez cegado por su furibundo odio hacia Glen Matlock, bajista de Sex Pistols, al que jamás pudo ver delante. De hecho, el sonido de la posterior banda de Lydon, PiL, se distinguió por un poderosísimo sonido de... sí, lo han adivinado:  de bajo.

Pues esa burrada dicha por Johnny Rotten esta mal. Muy, muy mal, porque como le comentó al Zorromono un amigote suyo, bajista el pobre, la  cruz que arrastran los cuatrocuerderos es que siempre han de estar "buscando su sitio" en el sonido de un grupo. Su vida es una permanente lucha por hacerse ver, lo que termina a veces en complejos, iras y odio. ¿O es que se creían que la personalidad furibunda y acomplejada de William Murderface, el conseguidísimo personaje de la gloriosa serie Metalocalypse, surgió de la nada? Pues no. Es real como la vida misma

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El personaje de Murderface está directamente inspirado en lo físico en el gran, gran, gran Geezer Butler, miembro fundador y letrista de Black Sabbath, y prototipo de lo infravalorados  que están los pobres bajistas.



Y como Geezer, y eso que él solito estableció el rol del bajo en el hard rock y escribió la práctica totalidad de los inquietantes textos de la etapa dorada de Sabbath, hay muchos más cuya valía ha pasado de puntillas por la historia del ruacanrol. Porque, siguiendo con el pesado de Clapton, ni sus más cerriles defensores podrán negar que los mejores discos de Manolenta fueron los que registró junto a dos mostros de las cuatro cuerdas:  Jack Bruce, en Cream, que era directamente un maquinón y el pobre Carl Radle, en Derek and The Dominoes y sus primeros álbumes en solitario. Lo de Radle fue de traca, pues su muerte se debió a la caña que se dió con el alcohol y los narcóticos por la depresión que cogió al ser expulsado por Clapton de su grupo. También hay que decir, en descarga del guitarrista londinense, que éste no dejó de repetir lo mucho que se arrepentía de su decisión, y del terrible complejo de culpa que arrastra desde entonces, que le llevó incluso a escribirle una carta a la madre del bajista suplicándole que le perdonara.

Y casos como el de la infravalorada importancia de  Radle hay varios ¿Cuanto le debemos a Noel Redding, por ejemplo, de la grandeza de los discos de la Jimi Hendrix Experience? ¿Y por qué tan poquita gente menciona a Dave Alexander cuando habla de los dos primeros elepés de The Stooges? Por suerte, no todos los bajistas han tenido que sufrir el tormento de ser ninguneados, sufrir burlas y chanzas por parte de sus compañeros de grupo y ser amenazados con desenchufar su instrumento en pleno concierto, a ver si alguien se daba cuenta; hay numerosos casos en los que el bajista es el centro de atención, y el Zorromono no va a hablar de Steve Harris, de Iron Maiden, ni de Nikki Sixx, de Mötley Crüe - y mucho menos de Sting, en Police ¡Bueeeeergh....!- porque son casos bien conocidos por todos ustedes.

Pero el Foxmonkey sí que se va a detener en analizar someramente la figura de dos bajistas jefazos: el primero, The Ox.



Damas y caballeros, Mr. John Entwistle. El único e inimitable bajista de los únicos e inimitables The Who. Para conseguir destacar en este grupo había que ser una auténtica bestia parda, porque, ¿como rayos iba uno a "encontrar su sitio" entre Pete Townsend, que es ,posiblemente, el mejor compositor de la historia del rock, Roger Daltrey, que le pegaba a todo el mundo, y Keith Moon, que estaba como unas maracas y tocaba que parecía un pulpo? Pues siendo un fenómeno. Y lo de Entwistle no tenía nombre, de lo bueno que era. Además, todo el que le conoció recuerda su - en palabras del propio Daltrey - "endemoniado" sentido del humor, que le llevó a aparecer en la película The kids are allright practicando tiro al blanco con unos discos de oro - ganados por Daltrey con sus trabajos en solitari0 - y a contestar a la pregunta de quién era el mejor bajista del mundo con un lacónico "Yo, por supuesto".

Además, fue el miembro de esa fabulosa panda de descerebrados que formaban The Who que más disfrutó siendo una estrella. Han de saber que este hecho tiene especial relevancia, pues la última reunión del combo se llevó a cabo únicamente porque el pobre Ox estaba sin blanca, tras pasarse décadas derrochando en memeces. Obviamente, un tipo así no la podía diñar tristemente en un hospital, y la parca le sorprendió en 2002 en un hotel de Las Vegas, un día antes de iniciar una nueva gira americana de su grupo de toda la vida, rodeado de coristas y farlopa. Como debe ser.

El otro ejemplo que va a mencionar el Zorromono alegrará a los mártires de las cuatro cuerdas, porque muchos estaremos de acuerdo en que la figura más respetada y querida que existe actualmente en el mundillo del rock no es un cantante posturitas, ni un guitarrista fantasma, sino un bajista. Este bajista:



Observenlo bien, porque el Foxmonkey les asegura que este hombre es lo más parecido a una divinidad que verán en sus vidas: Ian Fraser Kilmister, más conocido como Lemmy. Esta y no otra es la figura más respetada dentro del orbe. ¿Y por qué? Obviamante, méritos musicales le sobran: pipa de Pink Floyd y Jimi Hendrix, este adusto caballero llegó al bajo por accidente; cuando ingresó en la comuna de jipis-space-rockers-chalados Hawkwind simplemente le pusieron un bajo en las manos y le dijeron "guíanos". No sabían lo que hacían.

Lemmy grabó cuatro discos perfectos con Hawkwind antes de ser expulsado del grupo, tras ser detenido con una buena cantidad de speed en la frotera con Canadá. Decidió entonces montar su propia banda y llamarla como la última canción que había compuesto para los piojosos desagradecidos de sus compañeros. El tema se titulaba  Motorhëad, y el resto de la histora ya la saben ustedes.

Lo que es realmente curioso, por encima de los tremendos méritos musicales que acumula Lemmy en su currículum, es la admiración y el respeto que inspira su figura, sobre todo entre el público masculino. El Zorromono cree que eso se debe que la imagen, la actitud y la carrera artística de este hombre es una sublimación primordial de todo lo que nos gustaría ser a los tíos; Lemmy es un forajido, un fuera de la ley que va de ciudad en ciudad arrasándolo todo a base de decibelios. Lemmy es un pirata. Lemmy es un vagabundo quijotesco, con una forma de hacer las cosas tremendamente anticuada pero que no piensa cambiar por nada del mundo. Lemmy es un seductor, que yació con Samatha Fox y Wendy O. Williams. Lemmy es un tipo duro, al que no le tose ni Dios, y que depierta respeto y admiración allá por donde va. Lemmy es como Steve McQueen. Como Errol Flynn. Como Humprey Bogart. Lemmy es, en definitiva, una figura tremendamente romántica, un héroe crepuscular de película de Peckimpah, que nunca ha cometido - ni cometerá - un sólo patinazo en lo musical ni en lo vital. Y que toca el bajo.

Y el Zorromono sabe perfectamente lo que estarán pensando las féminas que hayan leído la sarta de inmadureces expuesta anteriormente. Lo sabe tan bien que les dará la razón incluso en que no deja de ser una ristra de chiquillerías que toda persona medianamente inteligente debería haber superado a los trece años, pero que quieren que les diga el Micocánido... a algunos seres vivos macho les motivan más las películas del Oeste a que las vistas a Ikea...

2 comentarios:

  1. Bajos que molan, el de Martyn P. Casey: más grande que la puta vida!. Y para muestra lo nuevo de Grinderman (recién salidito del horno)eso no es un bajo, es una apisonadora! El mejor disco del año.
    Australia, Australia, we love you.

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  2. Es la mejor descripción de Lemmy que he leído en mi vida macho!!!
    Yeaaah,que grandes verdades.Enhorabuena por el blog.

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