Obviamente, todos los lectores de este blojj forman parte del primer grupo de peludos antes mencionado, por lo que no hace falta aclararles ni quien es Alice Cooper ni que demontres fue a hacer ese señor anciano a Santiago. Pero respecto a lo del Culturgal, me temo que sí va a hacer falta una pequeña explicación; a grandes rasgos, esto fue una cosa que montó el BNG cuando estaba en la Xunta, bajo el nombre de Feira Galega das Industrias Culturais, y que celebró su primera edición en 2008 en A Coruña. En esa cuchipanda se reunieron editores de libros en gallego, creadores de audiovisual en gallego, bailarines de danzas en gallego y músicos que tocan músicas en gallego, y, al parecer, fue un éxito grandísimo del que se extrajeron unas conclusiones apasionantes. Tras el triunfo del malvado Feijoo en las elecciones galaicas, las nuevas autoridades autonómicas le dijeron a este grupete de pensadores que tururú, y el festival no se celebró como tal en 2009, con las consiguientes críticas despiadadas de según que medios. Dice el Zorromono que no hubo Culturgal como tal porque la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de A Coruña, dirigida por el BNG, organizó deprisa y corriendo una cosa similar pero con otro nombre, que se denominó AchegArte y que recibió un sinfín de parabienes de los mismos que habían puesto el grito en el cielo ante la falta de apoyo pepero a su chiringuito.
Y llegamos a 2010. El año del primer Xacobeo post Fraga. Y Feijoo, ansioso de librarse de la alargada - y ancheada -sombra del otrora ministro de la Gobernación de Arias Navarro y su concepto faraónico, tortillero, e incluso Garcesiano del ocio para la chusma, puso en manos de un comité de asépticos técnicos la organización de los fastos de tan católica efeméride. Y estos fríos y aviesos tecnócratas se prestaron a satisfacer tanto a la masa populachera como a los que les ponían verdes por peperos, pero con el nexo común de dar una imágen como de clase y del siglo XXI, es decir, organizando ciclos de música clásica, comprándole a los catalanes a precio de oro la etiqueta del Sónar y apoyando financieramente festivalillos indis de aldea a los que acudían no más de mil personas indis, mientras madaban al guano a los chavalotes del Resurrection Fest, que cada año reune en Viveiro a 25.000 animales dispuestos a reventarse el lomo bailando hardcore. Al parecer, la explicación oficial para denegar la ayuda solicitada fue que ese festival "no iba con la línea" que pretendía seguir el Xacobeo.
Pues eso: los xacobeístas se liaron a organizar, y tanto montaban eventazos como el concierto de ese espanto conocido como Muse en el Monte do Gozo y la verbena altermundista de la Festa dos Mundos, como repartían unos euretes a cosillas de los mismos culturetas que, meses antes, no habrían dudado en asesinarlos usando como armas su propias gafas de pasta, como en El Padrino III.
Lo mejor de todo es que la cosa funcionó para ambos bandos. El Culturgal renacióimperial y triunfante cual Ave Fénix, con el patrocinio del Agadic, del Xacobeo, y de la Xunta, a través de la consellería de Educación, y volvieron las muestras de artes de vanguardia, las industrias culturales ficticias y las exibiciones adiovisuales de nuevas tecnologías que tanto fascinan a los más pequeños. Y los que primero afilaron los puñales contra la Xunta y luego moderaron su discurso, como por arte de magia se encontraron dentro del tinglado y reconociendo que sí, que Feijoo es un chungueras pero que, por lo menos, sus subalternos en cosas de cultura son gente seria y hablan idiomas. O algo así.
En fin, que les va a contar el Zorromono que no sepan... Dame pan e chámame can...
Pero no nos desviemos del tema; mientras unos fantoches se maquillaban de lo que no eran a cambio de dinero en Pontevedra, otro fantoche hacía lo propio en Santiago de Compostela. Curiosamente, a todos estos fantoches les pagaba el sueldo la Xunta. Y que conste que el Zorromono no está faltándole al respeto a Alice Cooper, que se marcó un bolazo de aupa.
Y eso que la cosa, a priori, no prometía demasiado. Al desangelado aspecto que presentaba la pista cuando el Micocánido irrumpió en el pabellón con sus secuaces, se sumaron unos teloneros que, armados con sus melenazas, sus vaqueros a la piedra y sus JotaJaybers, le proporcionaron a la audiencia una letal sesión de jevi hispano ultramontano.
Por fortuna, todo fue a mejor. Cuando los pipas terminaron de instalar el backline del ídolo, la calavera que adornaba el imponente telón que ocultaba el escenario pudo ver como más de 3.000 personas llenaban el foso del Fontes do Sar. Y poco antes de las 22.00 horas, Alice Cooper se materializó antes sus fieles.
El Zorromono les puede asegurar que acudió al recital consciente de lo que iba a ver, y conociendo más o menos el repertorio. Pero eso de que te empiecen un concierto con School´s Out, No More Mr. Nice Guy y I´m Eighteen así, del tirón, desarma a cualquiera. En este concierto se vio a un Fournier en excelente forma física - pese a que la voz le falló algo en los primeros temas, la garganta del mostro rayó a gran nivel toda la velada - y su banda sonó más hardroquera que jevirula, en la que destacó el pirotécnico guitarrista Keri Kelli, que parecía Blackie Lawless de joven.
Tras el impacto inicial, el concierto se desarrolló por los cauces esperados; a un repertorio más que solvente - con clásicos setenteros del calibre de Be My lover, The Ballad of Dwight Fry y Go To Hell - hubo que sumarle los entrañables truquetes escénicos del abuelo, con horcas, guillotinas, empalamientos, globos con confeti, La Cosa del Pantano y toda la pesca.
El Zorromono quiere hacer también especial mención al evidente desconocimiento del roquero de Detroit sobre la legislación española sobre violencia de género, porque durante el show, Cooper apaleó, curtió, le dió las del pulpo, amenazó e incluso asfixió a la actriz que interpreta el papel de la zumbada enfermera Rozetta - quien protagoniza el momento más elegantemente chabacano de la noche, cuando sale con una coquilla de metal y una pulidora y se pone a soltar chispas de su ingle como una loca -. Menos mal que no acudió al recital ninguna talibana Bibianista sin referencias de cultura pop y cine de terror, porque no habría parado hasta lograr que empapelaran al pobre Alice por apología del maltrato, el apaleo, las curtidas, dar las del pulpo, y el estrangulamiento, pese a que este señor maquillado y entrado en años ha hecho más por la libertad individual, de manera directa o indirecta, de lo que lo harán todas esas en su vida con sus cazas de brujas. Que le pregunten al pobre Hernán Migoya.
Tras hora y media de diversión sin igual, el roquero se despidió interpretando Elected y, otra vez, School's Out. Para el bis, Cooper se cambió de chaqueta - ¡Como los del Cultugal!¡Como los del Culturgal!- una última vez, y bajo su chaqué de lentejuelas lució una camiseta con la cruz de Santiago. Antes de esto, durante la interpretación de Elected, el ídolo improvisó un discurso en el que afirmó que sabía que Galicia y España estaban atravesando muchos problemas, pero que eso a él le daba igual. Y no le faltaba razón. Esto es espectáculo,señores. El que se enfada es porque se lo toma en serio, y visto lo visto, eso no es nada recomendable.
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