domingo, 2 de enero de 2011

El mejor año de nuestras put*s vidas (I)

El Zorromono quiere empezar el año disculpándose por su prolongada ausencia, que sin duda les habrá llenado desconcierto y tristeza. Pero ya estamos de vuelta, y vamos a dar la bienvenida a 2011 con fundamento.

Porque la verdad es que da un poco de penita despedirse del 2010. Vale que hubo un poquillo de crisis, de paro y de cosas de esas malas, pero la verdad es que entre el Xacobeo, el Culturgal, los nuevos discos de Triángulo de Amor Bizarro y Nadadora, y los múltiples éxitos deportivos de España en todos los deportes que existen, todos recordaremos el año que acaba de terminar como el mejor de nuestras vidas.

No, venga, en serio... Lo cierto es que, de todos los espantos antes mencionados, de lo que le apetece hablar hoy al Micocánido es de deportes, más en concreto, de deportistas; esos seres vestidos raro a los que parece que les falta un hervor, para quienes todo es "dificil" y "complicado", y que son un perfecto ejemplo para niños y mayores por su bonhomía y afán de superación. Pero han de saber que, al igual que en la música, esto no siempre fue así. Hubo una época en la que era habitual ver a deportistas que, por estética, actitud, o modo de vida eran lo más cool del universo. Vamos a olvidarnos por un momento de los criminales estéticos - como Cristiano Ronaldo - y de los criminales a secas - como Marta Domínguez - que abundan en el deporte actual y hacer un repaso musical de los sportsman más molones de ayer, hoy y siempre.

Pero no nos vamos a engañar; para encontrar un deportista español cool hay que buscar con lupa, porque en nuestro país lo que siempre ha primado ha sido el modelo enano furioso, ese que hace trampa, lo pillan y aún encima se indigna, o el noblote atribulado a-la-Iniesta, al que todo el mundo quiere porque la chusma ve en él a uno de ellos, y que tanto podría ser un futbolista de éxito como un empleado de inmobiliaria o un viajante de comercio. Así pues, mucho me temo que en este repaso van a primar los foráneos.

JULIUS ERVING. EL DR. FUNKENSTEIN.

Uno de los más grandes. Este tipo, que era una especie de mezcla entre Ken Norton y George Clinton, parecía haber venido al mundo con el único objetivo de dejar boquiabierto a todos los aficionados al baloncesto del orbe haciendo cosas que, según los manuales de anatomía y de física, eran imposibles. Y todo ello aderezado con una actitud funky y un pelazo afro de esos que hacen que a uno se le venga automáticamente a la cabeza un sincopado riff con wah-wah.



Porque sí, el Micocánido sabe perfectamente que Michael fue y será siempre el más grande, pero el Doctor J,  apodo al que responde este mostro, mola más. Todo el que haya gozado alguna vez de la clavada que le metío a Kareem un metro por detrás del tablero en las finales del 80, o de alguno de sus escandalosos vuelos sin motor, todo ello sin despeinarse, lo entenderá. Y ni siquiera hay anécdotas sórdidas o jocosas que comentar sobre él, al estilo de las 20.000 de Wilt Chamberlain. Erving era un coloso porque sí, y uno no puede evitar imaginárselo por las calles de la Philadelphia 70´s con un sombrero con pluma y un Magnavox D8443 al hombro, con esta copla a todo trapo.



TOMMIE SMITH Y JOHN CARLOS. SAY IT LOUD!!!

Seguimos con los hermanos. Uno de los episodios más conocidos por ustedes de todos los conflictos que sacudieron el mundo durante los 60 es la lucha de los afroamericanos por los derechos civiles. Habrán visto centenares de películas, series y documentales sobre lo mal que lo pasaban los negritos en EEUU en esos años. Y, por supuesto, también sabrán lo que representa esta icónica-y ultra cool - imagen:



Ahí tienen a Tommie Smith - uno de los mejores atletas de todos los tiempos - y a John Carlos en las olimpiadas de México, en 1968. Mientras que Tíos Tom como George Foreman ondeaban con orgullo las barras y las estrellitas, estos funky men del tartán lo petaron en la final de los 200 metros lisos y, a la hora de recoger sus medallas de oro y bronce y escuchar el himno de su país, bajaron la cabeza y levantaron sus puños enfundados en cuero negro. Como se pueden imaginar, el pitote que montó este explícito apoyo al Black Power fue de aúpa, y sus protagonistas lo tuviero negro - ...ooooooops... - durante un buen montón de años. Huelga decir que tanto el gobierno de los States como el COI, siempre tan dispuestos al entendimiento entre las personas, prácticamente los crucificó en vida. No volvieron a competir, sus familias fueron represaliadas y la esposa de Carlos se acabó suicidando. "Si gano, soy americano, no afroamericano - declaró poco depués Smith, que jamás se retracto, al igual que su compañero - . Pero si hago algo malo, entonces se dice que soy un negro. Somos negros y estamos orgullosos de serlo. La América negra entenderá lo que hicimos esta noche".



PAUL BREITNER. GUERRILLA URBANA EN LA CASTELLANA

Si algo ha intentado inculcarles el Zorromono en todos estos meses, es que no hay que dejarse llevar por los tópicos y lugares comunes, por muy divertidos que estos sean. Y meterse con la capacidad cerebral y las pintas de los futbolistas puede resultar muy divertido, pero en la historia del balompié también ha habido casos de personas cultas, inteligentes y con criterio estético. Y claro, les acabó costando caro. Ese fue el caso del molón - y maoísta - centrocampista alemán Paul Breitner en su paso por el españolísimo Real Madrid de mediados de los 70.



Pregúntenles a sus padres sobre este fenómeno, pregúntenles; les contarán que fue un tremebundo medio centro que pateó culos en el Bayern de los 70, que lideró junto a Beckenbauer la Alemania que se pulió a la Naranja Mecánica en el 74, y que le echaron del Madrid... por comunista.

Porque, después de unos temporadones en el equipo de Munich, don Santiago Bernabeu tuvo la feliz idea de contratarlo para su equipo, quizás para paliar su disgusto por lo malito que estaba ya Franco en esa época. La cosa funcionaba en lo futbolístico, pero en lo político-social, pues como que no acabó de cuajar; un buen día, al colega no se le ocurrió otra cosa que ir a entrenar a la ciudad deportiva merengue con El Capital debajo del brazo (¿?¿?¿?¿?¿?), lo cual, a lo mejor, no era la mejor idea del mundo. Don Santiago lo pasó por alto, porque en el fondo era un buenazo de esos de la reconciliación y pelillos a la mar, pero cuando Breitner donó medio millón de pesetazas de la época a los obreros metalúrgicos de la fábrica Standard, que se encontraban en huelga, el entrañable prócer blanco tuvo que tomar cartas en el asunto. Con todo el pesar de su corazón, Bernabeu declaró al futbolista como "conflictivo" - el club siempre prefirió un perfil de jugador más como Raúl o Juanito - y el medio centro teutón llevó su afro, sus patillacas y su look kraut de vuelta a Deuschland. Aún tuvo tiempo de seguir "conflicteando" con su renuncia a jugar el mundial de Argentina en el 78, de ganar un par más de Bundesligas con el Bayern y de volver al Bernabeu para perder la final del mundial de España.

Pese a que en sus fotos de época Breitner guarda un asombroso parecido con el bajista de Atom Rhumba y ex miembro de Mermaid, Iñigo Cabezafuego, uno no puede evitar imaginárselo a los mandos de algún grupazo tipo Can...



Y esto es todo por hoy. En los próximos días el Zorromono les mostrará lo que rockeaba peña tan fresh como Mágico González, Abebe Bikila, George Best y Steve Nash.

2 comentarios:

  1. Vaya!! Apasionante post. Siga así Zorromono....

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  2. A ti sí que te falta un herVor, pero con V!!!!!!!!!

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